Se fué Labordeta, ¿Se acabó el Aragón sentimental?

Lo sé, hace ya más de una semana que José Antonio Labordeta nos dejó, pero es ahora cuando con las cosas más calmas y con menos jaleo propio cuando puedo ponerme a garabatear sobre ello.

La noticia me pilló por sorpresa, volviendo de viaje, como pasan siempre estas cosas. No por menos esperada dejaba de doler en el ánimo. A principios de mes quedé impactado al ver en televisión las imágenes de la entrega de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. Aparecía en ellas un hombre consumido físicamente pero todavía con la fuerza en la mirada que siempre llamaba la atención. Pensaba, es cierto, tiene cáncer, pero creía que andaba recuperándose.

Esas imágenes nos refrescaron a muchos la memoria y fue curioso ver que personas, conocidas o no, con las que mantengo contacto electrónico también daban con constancia de ello en sus tuits o en sus facebook. Nunca he dejado de escuchar sus canciones, por que al estar fuera de Aragón esa es una de las maneras que uso para recordar mi tierra, pero en esos días cobraban una dimensión especial, la de la presencia de la persona que las había cantado.

Cuando pregunté a un conocido si sabía cómo estaba la respuesta fue clara: “Pinta mal“.

Y el día llegó.

Si eres aragonés ya sabes cómo fueron los días de su partida, con las muestras de respeto y de cariño de todos. Si no lo eres quizá te resulte increíble lo que viste en las noticias. Para comprenderlo deberías conocer la fuerza de Labordeta, su carácter. Una persona honesta y respetada. Profesor, cantante, político. Y todas las facetas marcadas por su personalidad.

Seguramente te haya llamado la atención en el título de estas letras la pregunta “¿El fin del Aragón sentimental?” No, Labordeta no era un cantante melódico de tonadas amorosas. Sus canciones eran duras y secas, claras y directas. Reivindicativas a menudo y siempre con Aragón presente. Ese sentimiento de Aragón que nos impregnó a varias generaciones y con el que nos identificamos con agrado y fervor. Un sentimiento de Aragón que surgía de dentro de las personas y que nos permitía vernos como una entidad unida. Sé que algunos amigos nacionalistas me echarán los perros, pero siempre he creído que esa visión era la base fundacional sobre la que desarrollar la idea de Aragón, más allá de de otros valores diferenciadores que al final terminan haciéndonos sentir diferentes unos a otros.

“Le puso música a los sentimientos de miles de aragoneses que no sabían cómo expresar lo que su tierra les inspiraba.” Joaquín Carbonell

¿El fin del Aragón sentimental? Creo que no. Afortunadamente tenemos otros músicos que mantienen la llama. Algunos de la misma hornada: Carbonell, La Bullonera… Otros más próximos en el tiempo como La Ronda de Boltaña, Pepín Banzo o El Comando Cucaracha. Variados en estilos y maneras, pero que siempre nos emocionan a los que estamos fuera.

Para acompañar estas letras os incluyo mi canción favorita del “abuelo”. Representa todo lo que somos los aragoneses y lo que podemos llegar a ser en el futuro.

Addenda.

En realidad hay un Labordeta “sentimental“. Os recomiendo escuchar su disco “Canciones de amor” para disfrutar  con tonadas cercanas al corazón pero sin gazmoñerías, amor a secas.

Añado una foto del “Abuelo” que me encontrado al releer un libro el pasado fin de semana. No deja de ser curioso cómo las cosas van dando vueltas para no dejarnos.

Entre estaciones

Fue el momento más importante de su vida.

Como todas sus mañanas había subido a su tren en su estación y ocupado su asiento. Aquella mañana no tenía ganas de escuchar música, se había levantado con una extraña sensación de malestar, una mezcla de agobio y dolor en la boca del estómago, que achacó a su úlcera estomacal.

El tren avanzaba entre estaciones cuando se sintió atrapado en el instante. Fue consciente de lo que le ocurría y de las pocas posibilidades de salvarse que tenía.

Algo debieron notar sus compañeros de vagón por que sus rostros estaban fijos en él. Caras conocidas en personas desconocidas.

En el instante en el que la desesperación le llevaba a pedir ayuda le alcanzó el dolor desde dentro, aumentando de intensidad de tal manera que lo único que pudo sentir era cómo se rompía por dentro mientras cerraba los ojos.

La palabra del día es esbarizaculos

Si algo hay en esta vida con lo que sienta un agradable placer intelectual es con las palabras. Como voraz lector me encantan los ladrillos con los que se edifican los libros. Como historiador me gusta valorar el significado de los términos y su variación con el paso del tiempo. Como persona disfruto de los recuerdos que me evocan palabras concretas.

Tengo una extraña y secreta costumbre que consiste en atesorar palabras. En ocasiones me encapricho de una por alguno de los motivos que mencionaba antes, o por varios de ellos, y la hago entrar en mi colección privada. Entre ellas hay aragonesismos, arcaísmos, labores del campo, tecnicismos, palabras que no son de uso común. Términos que van cayendo en el olvido y trato de salvar del mismo para mi propio disfrute. Sin embargo ahora voy a compartirlas, aunque lo hago también con el deseo de acrecentar la colección con las vuestras. Para empezar esta exposición pública de mi museo he tenido claro que la elegida tenía que ser mi favorita. Y aquí la tienen.

Esbarizaculos: Deslizadero artificial en declive por el que las personas, sentadas o tendidas, se dejan resbalar por diversión.

Esbarizaculos en Torralba de los Frailes. Fuente: Google Street View.

Para un aragonés como yo esta es una palabra que hace regresar a la infancia. Además es rotunda y clara, ya que en sí misma describe la funcionalidad de un tobogán: resbalar con el culo. Tiene la procacidad necesaria para que a cualquier niño le entusiasme usarla, unido al hecho de que resulta tan común en mi tierra que nadie te hará callar. Aparece tan inocente como el juego infantil que representa.

También nos permite diferenciarnos de otros castellanoparlantes, mostrar con orgullo nuestra identidad, a la vez que llamar la atención sobre ella por su originalidad.

Cuando esta palabra acude a mi mente viene acompañada de recuerdos y de otras palabras: pantalones cortos, risas, amistad, roto en el pantalón, alguna cuquera, buen tiempo… todas ellas muy agradables.

Versión Musical de Jeff Wayne de La Guerra de los Mundos

Muchos libros son adaptados a otros medios para su difusión pública: cine, televisión, radio… unos con más fortuna que otros.

La Guerra de los Mundos de Jeff WayneHace ya 20 años que conocí una de las adaptaciones más curiosas por su peculiar formato. Se trata de La Guerra de los Mundos de Jeff Wayne , una adaptación musical de la obra de H. G. Wells , sobrecogedora para aquel niño de 9 años, y todavía para el adulto de 37.

La novela nos relata la invasión de la Tierra por parte de los marcianos. Ambientada en el final del siglo XIX asistimos junto a un periodista al descubrimiento de unas explosiones en Marte que serán seguidas más tarde por el impacto de unos meteoros en la campiña inglesa. De esos cráteres surgirán unas terribles criaturas que masacrarán a la población civil y exterminarán a las tropas que tratan de defenderla. El periodista tratará de regresar junto a su mujer y será testigo de las acciones de los marcianos y de la desaparición de los humanos. Finalmente cuando todo parece abocado a la derrota humana los marcianos perecen ante unas criaturas inferiores: las bacterias.

La guerra de los mundos de H.G. WellsCon esta obra Wells crea la primera historia de invasión extraterrestre de nuestro planeta. Se trata de una más de sus obras maestras de la ciencia ficción: La máquina del tiempo, El hombre invisible, La isla del doctor Moreau… Y como sucede en toda su obra no debemos interpretarla sólo como una lectura de evasión: Wells siempre da a sus escritos un valor de crítica hacia sus contemporáneos.

La obra es muy conocida ya sea por lectura directa o a través de otros medios. Pero lo que no es tan conocido es este peculiar disco de rock sinfónico interpretado por voces maravillosas y narrado por Richard Burton.

Resulta curioso que, a pesar de que la historia ha sido condensada en dos LPs, no perdemos ni un ápice de la misma. Las canciones nos permiten conocer a los personajes de la novela y sus diferentes visiones de la invasión marciana. Las piezas instrumentales, con las acotaciones narrativas de Burton, llevan todo el peso de la acción de la historia y logran que entremos de lleno en ella. Mediante el uso de diferentes “leit motiv” avanzamos con nuestro narrador y en ningún momento nos encontramos fuera de la misma. Sabemos cuándo se lucha, cuándo la derrota se abate sobre los terrícolas, y, sobre todo, sabemos cuándo los marcianos están cerca por su continuado grito de “Ulloo”.

Este disco, grabado en estudio, disfrutó de un gran éxito en el mercado anglosajón, y lo ha mantenido a lo largo de los años, de manera que se ha reeditado y han surgido dos discos de remezclas. Finalmente, con motivo de su 25 aniversario ha sido llevado a los escenarios.

Aunque se trate de un disco bastante desconocido en nuestro país, contó en su momento con una adaptación al español con un joven Luis Varela como el artillero y la impresionante voz de Teófilo Martínez como narrador. La edición latinoamericana fue realizada por Anthony Quinn.

Junto al disco se incluían una serie de ilustraciones impactantes que aumentaban la cercanía con la historia. Mi favorita era la utilizada como portada, en la que aparecía la lucha entre uno de los marcianos y un buque de guerra, el Thunder Child.

Siempre me ha gustado la fidelidad a la historia; esa narración en la que los grandes símbolos enarbolados por la imperial Inglaterra victoriana (la idea del progreso, la religión, el ejercito, la armada…) eran vencidos por un enemigo más poderoso, que finalmente caía ante un enemigo más pequeño.

Una fidelidad mantenida a lo largo del disco excepto en el Epílogo con el que se unía a esa Inglaterra decimonónica con nuestra realidad, y en el que todavía permanece en mí aquel niño de 9 años con los pelos de punta al oír exclamar al controlador de la NASA: “Can anybody hear me?”