Si no hubiera esclavos no habría tiranos

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Antología de textos históricos realizada por Juan Francisco Fuentes.

A raíz de los dimes y diretes que pude escuchar la pasada semana a consecuencia de la convocatoria de huelga, me vino a la cabeza una de mis frases históricas favoritas “Si no hubiera esclavos no habría tiranos.” Se trata de una frase que bien puede aplicarse a nuestra actualidad, a pesar de tener casi 200 años a sus espaldas.

Aparece en un artículo escrito en 1814 al calor de la reacción de Fernando VII contra la constitución de Cádiz a su regreso a España. Miguel Cabrera de Nevares, su autor, exhorta a la gente a oponerse a la involución absolutista, ya que si hay sometimiento los logros se perderán.

Actualmente se alzan muchas y variadas voces protestando ante los problemas económicos que nos acucian. Pero, como costumbre inveterada que es, en primer lugar nos enzarzamos en críticas hacia quienes opinan en las formas de manera diferente, aunque su fondo será el mismo con seguridad.

Desde el día en que escuché esta frase me encandiló y con el paso del tiempo he sido consciente de lo acertada que resulta. Somos esclavos de muchas cosas: opiniones, ideologías, necesidades, flaquezas… y con demasiada frecuencia esa esclavitud nos pone en las manos interesadas de quienes quieren manejarnos a su antojo.

¿No habrá llegado el día de romper todas nuestras cadenas y enfrentarnos a nuestros tiranos?

Se fué Labordeta, ¿Se acabó el Aragón sentimental?

Lo sé, hace ya más de una semana que José Antonio Labordeta nos dejó, pero es ahora cuando con las cosas más calmas y con menos jaleo propio cuando puedo ponerme a garabatear sobre ello.

La noticia me pilló por sorpresa, volviendo de viaje, como pasan siempre estas cosas. No por menos esperada dejaba de doler en el ánimo. A principios de mes quedé impactado al ver en televisión las imágenes de la entrega de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. Aparecía en ellas un hombre consumido físicamente pero todavía con la fuerza en la mirada que siempre llamaba la atención. Pensaba, es cierto, tiene cáncer, pero creía que andaba recuperándose.

Esas imágenes nos refrescaron a muchos la memoria y fue curioso ver que personas, conocidas o no, con las que mantengo contacto electrónico también daban con constancia de ello en sus tuits o en sus facebook. Nunca he dejado de escuchar sus canciones, por que al estar fuera de Aragón esa es una de las maneras que uso para recordar mi tierra, pero en esos días cobraban una dimensión especial, la de la presencia de la persona que las había cantado.

Cuando pregunté a un conocido si sabía cómo estaba la respuesta fue clara: “Pinta mal“.

Y el día llegó.

Si eres aragonés ya sabes cómo fueron los días de su partida, con las muestras de respeto y de cariño de todos. Si no lo eres quizá te resulte increíble lo que viste en las noticias. Para comprenderlo deberías conocer la fuerza de Labordeta, su carácter. Una persona honesta y respetada. Profesor, cantante, político. Y todas las facetas marcadas por su personalidad.

Seguramente te haya llamado la atención en el título de estas letras la pregunta “¿El fin del Aragón sentimental?” No, Labordeta no era un cantante melódico de tonadas amorosas. Sus canciones eran duras y secas, claras y directas. Reivindicativas a menudo y siempre con Aragón presente. Ese sentimiento de Aragón que nos impregnó a varias generaciones y con el que nos identificamos con agrado y fervor. Un sentimiento de Aragón que surgía de dentro de las personas y que nos permitía vernos como una entidad unida. Sé que algunos amigos nacionalistas me echarán los perros, pero siempre he creído que esa visión era la base fundacional sobre la que desarrollar la idea de Aragón, más allá de de otros valores diferenciadores que al final terminan haciéndonos sentir diferentes unos a otros.

“Le puso música a los sentimientos de miles de aragoneses que no sabían cómo expresar lo que su tierra les inspiraba.” Joaquín Carbonell

¿El fin del Aragón sentimental? Creo que no. Afortunadamente tenemos otros músicos que mantienen la llama. Algunos de la misma hornada: Carbonell, La Bullonera… Otros más próximos en el tiempo como La Ronda de Boltaña, Pepín Banzo o El Comando Cucaracha. Variados en estilos y maneras, pero que siempre nos emocionan a los que estamos fuera.

Para acompañar estas letras os incluyo mi canción favorita del “abuelo”. Representa todo lo que somos los aragoneses y lo que podemos llegar a ser en el futuro.

Addenda.

En realidad hay un Labordeta “sentimental“. Os recomiendo escuchar su disco “Canciones de amor” para disfrutar  con tonadas cercanas al corazón pero sin gazmoñerías, amor a secas.

Añado una foto del “Abuelo” que me encontrado al releer un libro el pasado fin de semana. No deja de ser curioso cómo las cosas van dando vueltas para no dejarnos.

Entre estaciones

Fue el momento más importante de su vida.

Como todas sus mañanas había subido a su tren en su estación y ocupado su asiento. Aquella mañana no tenía ganas de escuchar música, se había levantado con una extraña sensación de malestar, una mezcla de agobio y dolor en la boca del estómago, que achacó a su úlcera estomacal.

El tren avanzaba entre estaciones cuando se sintió atrapado en el instante. Fue consciente de lo que le ocurría y de las pocas posibilidades de salvarse que tenía.

Algo debieron notar sus compañeros de vagón por que sus rostros estaban fijos en él. Caras conocidas en personas desconocidas.

En el instante en el que la desesperación le llevaba a pedir ayuda le alcanzó el dolor desde dentro, aumentando de intensidad de tal manera que lo único que pudo sentir era cómo se rompía por dentro mientras cerraba los ojos.

La palabra del día es esbarizaculos

Si algo hay en esta vida con lo que sienta un agradable placer intelectual es con las palabras. Como voraz lector me encantan los ladrillos con los que se edifican los libros. Como historiador me gusta valorar el significado de los términos y su variación con el paso del tiempo. Como persona disfruto de los recuerdos que me evocan palabras concretas.

Tengo una extraña y secreta costumbre que consiste en atesorar palabras. En ocasiones me encapricho de una por alguno de los motivos que mencionaba antes, o por varios de ellos, y la hago entrar en mi colección privada. Entre ellas hay aragonesismos, arcaísmos, labores del campo, tecnicismos, palabras que no son de uso común. Términos que van cayendo en el olvido y trato de salvar del mismo para mi propio disfrute. Sin embargo ahora voy a compartirlas, aunque lo hago también con el deseo de acrecentar la colección con las vuestras. Para empezar esta exposición pública de mi museo he tenido claro que la elegida tenía que ser mi favorita. Y aquí la tienen.

Esbarizaculos: Deslizadero artificial en declive por el que las personas, sentadas o tendidas, se dejan resbalar por diversión.

Esbarizaculos en Torralba de los Frailes. Fuente: Google Street View.

Para un aragonés como yo esta es una palabra que hace regresar a la infancia. Además es rotunda y clara, ya que en sí misma describe la funcionalidad de un tobogán: resbalar con el culo. Tiene la procacidad necesaria para que a cualquier niño le entusiasme usarla, unido al hecho de que resulta tan común en mi tierra que nadie te hará callar. Aparece tan inocente como el juego infantil que representa.

También nos permite diferenciarnos de otros castellanoparlantes, mostrar con orgullo nuestra identidad, a la vez que llamar la atención sobre ella por su originalidad.

Cuando esta palabra acude a mi mente viene acompañada de recuerdos y de otras palabras: pantalones cortos, risas, amistad, roto en el pantalón, alguna cuquera, buen tiempo… todas ellas muy agradables.