El primer eslogan publicitario en la prensa española

Ordenando papeles ando y me he reencontrado con el facsimil del primer periódico diario editado en España: “Diario noticioso, curioso-erudito y comercial público, y económico

Cabecera del diario

Resulta interesante leer, desde nuestra visión actual, las cuatro páginas de aquella primitiva publicación. No deja de ser una recopilación de anotaciones y breves que hasta ese momento se difundían de boca en boca por los habitantes de la villa y corte.

Inicia su larga andadura el 1 de febrero de 1758 de manos del alcañizano Francisco Mariano Nipho y Cagigal, trasmutando con los años su cabecera hasta la de “Diario Oficial de Avisos de Madrid“, con la que desaparecerá en 1918.

En la última página aparece un anuncio de carácter comercial del que destaca una frase, cercana al concepto publicitario actual de eslogan. Quien anuncia sus mercaderías es un sastre ubicado en el centro de Madrid y lo hace, con un notable sentido del humor, uniendo un refrán popular a su dirección :Imagen detallada del anuncio.

El que no esté acostumbrado a bragas,
y quiera que las costuras no le hagan llagas,
acuda a la calle de la Montera…

¿La publicidad ha cambiado en estos 252 años?

Si no hubiera esclavos no habría tiranos

Portada del Libro
Antología de textos históricos realizada por Juan Francisco Fuentes.

A raíz de los dimes y diretes que pude escuchar la pasada semana a consecuencia de la convocatoria de huelga, me vino a la cabeza una de mis frases históricas favoritas “Si no hubiera esclavos no habría tiranos.” Se trata de una frase que bien puede aplicarse a nuestra actualidad, a pesar de tener casi 200 años a sus espaldas.

Aparece en un artículo escrito en 1814 al calor de la reacción de Fernando VII contra la constitución de Cádiz a su regreso a España. Miguel Cabrera de Nevares, su autor, exhorta a la gente a oponerse a la involución absolutista, ya que si hay sometimiento los logros se perderán.

Actualmente se alzan muchas y variadas voces protestando ante los problemas económicos que nos acucian. Pero, como costumbre inveterada que es, en primer lugar nos enzarzamos en críticas hacia quienes opinan en las formas de manera diferente, aunque su fondo será el mismo con seguridad.

Desde el día en que escuché esta frase me encandiló y con el paso del tiempo he sido consciente de lo acertada que resulta. Somos esclavos de muchas cosas: opiniones, ideologías, necesidades, flaquezas… y con demasiada frecuencia esa esclavitud nos pone en las manos interesadas de quienes quieren manejarnos a su antojo.

¿No habrá llegado el día de romper todas nuestras cadenas y enfrentarnos a nuestros tiranos?

Se fué Labordeta, ¿Se acabó el Aragón sentimental?

Lo sé, hace ya más de una semana que José Antonio Labordeta nos dejó, pero es ahora cuando con las cosas más calmas y con menos jaleo propio cuando puedo ponerme a garabatear sobre ello.

La noticia me pilló por sorpresa, volviendo de viaje, como pasan siempre estas cosas. No por menos esperada dejaba de doler en el ánimo. A principios de mes quedé impactado al ver en televisión las imágenes de la entrega de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. Aparecía en ellas un hombre consumido físicamente pero todavía con la fuerza en la mirada que siempre llamaba la atención. Pensaba, es cierto, tiene cáncer, pero creía que andaba recuperándose.

Esas imágenes nos refrescaron a muchos la memoria y fue curioso ver que personas, conocidas o no, con las que mantengo contacto electrónico también daban con constancia de ello en sus tuits o en sus facebook. Nunca he dejado de escuchar sus canciones, por que al estar fuera de Aragón esa es una de las maneras que uso para recordar mi tierra, pero en esos días cobraban una dimensión especial, la de la presencia de la persona que las había cantado.

Cuando pregunté a un conocido si sabía cómo estaba la respuesta fue clara: “Pinta mal“.

Y el día llegó.

Si eres aragonés ya sabes cómo fueron los días de su partida, con las muestras de respeto y de cariño de todos. Si no lo eres quizá te resulte increíble lo que viste en las noticias. Para comprenderlo deberías conocer la fuerza de Labordeta, su carácter. Una persona honesta y respetada. Profesor, cantante, político. Y todas las facetas marcadas por su personalidad.

Seguramente te haya llamado la atención en el título de estas letras la pregunta “¿El fin del Aragón sentimental?” No, Labordeta no era un cantante melódico de tonadas amorosas. Sus canciones eran duras y secas, claras y directas. Reivindicativas a menudo y siempre con Aragón presente. Ese sentimiento de Aragón que nos impregnó a varias generaciones y con el que nos identificamos con agrado y fervor. Un sentimiento de Aragón que surgía de dentro de las personas y que nos permitía vernos como una entidad unida. Sé que algunos amigos nacionalistas me echarán los perros, pero siempre he creído que esa visión era la base fundacional sobre la que desarrollar la idea de Aragón, más allá de de otros valores diferenciadores que al final terminan haciéndonos sentir diferentes unos a otros.

“Le puso música a los sentimientos de miles de aragoneses que no sabían cómo expresar lo que su tierra les inspiraba.” Joaquín Carbonell

¿El fin del Aragón sentimental? Creo que no. Afortunadamente tenemos otros músicos que mantienen la llama. Algunos de la misma hornada: Carbonell, La Bullonera… Otros más próximos en el tiempo como La Ronda de Boltaña, Pepín Banzo o El Comando Cucaracha. Variados en estilos y maneras, pero que siempre nos emocionan a los que estamos fuera.

Para acompañar estas letras os incluyo mi canción favorita del “abuelo”. Representa todo lo que somos los aragoneses y lo que podemos llegar a ser en el futuro.

Addenda.

En realidad hay un Labordeta “sentimental“. Os recomiendo escuchar su disco “Canciones de amor” para disfrutar  con tonadas cercanas al corazón pero sin gazmoñerías, amor a secas.

Añado una foto del “Abuelo” que me encontrado al releer un libro el pasado fin de semana. No deja de ser curioso cómo las cosas van dando vueltas para no dejarnos.

Entre estaciones

Fue el momento más importante de su vida.

Como todas sus mañanas había subido a su tren en su estación y ocupado su asiento. Aquella mañana no tenía ganas de escuchar música, se había levantado con una extraña sensación de malestar, una mezcla de agobio y dolor en la boca del estómago, que achacó a su úlcera estomacal.

El tren avanzaba entre estaciones cuando se sintió atrapado en el instante. Fue consciente de lo que le ocurría y de las pocas posibilidades de salvarse que tenía.

Algo debieron notar sus compañeros de vagón por que sus rostros estaban fijos en él. Caras conocidas en personas desconocidas.

En el instante en el que la desesperación le llevaba a pedir ayuda le alcanzó el dolor desde dentro, aumentando de intensidad de tal manera que lo único que pudo sentir era cómo se rompía por dentro mientras cerraba los ojos.