Archivo de la categoría: Tal día hará un año

El ascua

El pequeño homínido estaba terriblemente asustado. La tormenta se había precipitado sobre el barranco en el que vivía. Una brutal composición de fuertes vientos ululantes, columnas de agua que golpeaban las copas de los árboles, truenos que retumbaban entre las paredes verticales y, sobre todo, las agudas agujas de luz de los relámpagos. Estos iluminaban con su fogonazo la destrucción de todo a su alrededor con una luz más clara que la del sol diurno.

A duras penas la familia pudo guarecerse en la pequeña cueva que utilizaban para dormir, todos juntos en un montón, cada vez que la noche paralizaba su ciclo vital. Desde ella el pequeño se sobresaltaba con un espectáculo aterrador que a cada momento sobrecogía más su ánimo.

Mientras la tormenta continuaba su recorrido a través del barranco, golpeando sus costados, alejándose, un último rayo atravesó el gran árbol bajo el que tantas veces había jugado. Un fogonazo acompañado de un golpe seco al impactar contra la madera. Un largo crujido al desgajarse el tronco y chocar las ramas contra el suelo.

Su padre levantó la mirada con interés y de un salto se levantó para correr hacia el fuego en el que se había convertido el viejo árbol. Se agachó, rebuscando algo y volvió junto a ellos.

Depositó con cuidado en el fondo unas pequeñas ascuas candentes. Y trató de avivarlas con algunas hierbas secas que encontró dispersas.

El niño nunca había visto aquello. Su corta memoria no lo recordaba. Pero se sintió atraído por aquella pequeña luz a la que su padre cuidaba con esmero.

Se quedó en cuclillas, mirándola. La luz fue aumentando, reflejada en sus ojos verdes. Poco a poco esa luz que le embelesaba fue creciendo, no sólo en su mirada, también en su primitivo entendimiento, haciéndolo crecer hacia el futuro.

Hoy hace seis años

Hoy es el aniversario de uno de los momentos más importantes de mi vida.

Hoy nacía mi hijo mayor y cumple seis años ya.

Lo sé, piensas que este va a ser el típico post de padre orgulloso mostrando la colección de fotos familiares, pero ya sabías sobre que trataba este blog.

Para mi las personas más importantes son ellos, mis peques, y por ellos me esfuerzo cada día, por que lo merecen. Además tengo la suerte de tenerles todos los días conmigo, llenándome las pilas de vitalidad.

Siempre recordaré aquel día. Un parto largo que acabó en cesárea. Un padre primerizo y muy preocupado por su mujer y su pequeño. Cuando oí que me llamaban por la megafonía salí corriendo por la maternidad, vestido con aquella bata verde de papel y cargado con la canastilla. Sinceramente, no recuerdo nada de aquellos pasillos hasta que llegué junto a aquel pequeño cuco en el que se encontraba él. Pequeño, con su gorrito, acusando las horas de esfuerzo. Al acariciarle la mejilla y decirle hola entreabrió los ojillos y sonrió, como diciendo ¡eh, papá, estás ahí!

Al llegar a la habitación y quedarnos solos le tomé entre mis brazos y disfruté aquel momento, que era nuestro en exclusiva, antes de que llegaran todos los familiares para conocerle.

Y hasta hoy sus abrazos son lo mejor del mundo.

Tres años después llegó su hermano, en una jornada similar pero diferente, todas lo son.

Mirando el cohete que despega en el horizonte.

La semana pasada el transbordador espacial Discovery aterrizaba por última vez. Se cerraba para esta nave espacial su vida activa tras 27 años en funcionamiento.

Actualmente la carrera espacial… perdón, soy un hijo de mi tiempo y se me escapan las palabras de antaño. Hoy en día ya no hay una “carrera” espacial, de los dos bloques que la protagonizaron la URSS ya desapareció y lo que nos queda es un negocio.

Los viejos transbordadores espaciales son el resto final de aquella época y poco a poco han llegado al momento de su retiro, mal que le pese a la NASA.

Todavía quedamos algunos frikis que seguimos con interés las noticias sobre investigación espacial, a pesar del cambio en su espíritu y su pérdida de ambición aventurera.Gente que nos emocionamos cuando el capitán Kirk les da los buenos días a la tripulación del Discovery.

Vino a mi cabeza el recuerdo de otra misión del Discovery, hace años, el 26 de julio de 2005. Se trataba de la primera misión tras el accidente del Columbia. Este había significado un mazazo para la sociedad estadounidense y su reanudación fue vista por muchos como el modo de recuperar un lugar destacado.

Aquella mañana estaba trabajando en una pequeña empresa como todos los días. Llevaba ya un tiempo disfrutando de mi afición a las bandas sonoras de películas a través de la web Streaming Soundtracks. Era aquel un lugar en el que se podía seleccionar y añadir música de muy diversas películas a una lista de reproducción. Pero lo más importante era su chat, en el que se producían interesantes conversaciones sobre múltiples temas. Yo pertenecía al “night crew”, el grupo de europeos que aparecíamos por allí antes que el grueso de usuarios, mayoritariamente norteamericanos.

Evidentemente el tema del día era el Discovery y cuando el “day crew” se incorporó fue cada vez a más. Alguien compartió el enlace a un streaming de vídeo de la NASA. Cuando llegó el momento del lanzamiento el administrador de la página paró la reproducción de la lista preparada y en su lugar empezó a sonar la banda sonora de Armageddon.

Todavía hoy siento un pequeño escalofrío al recordar aquel momento. Escuchando la música, viendo las imágenes y leyendo el chat, en el que aparecían emocionadas frases de ánimo. Eramos un grupo de frikis, sí, y estábamos disfrutando todo aquello juntos.

Se superó el punto crítico del lanzamiento y las expresiones de júbilo colmaron el chat. La “aventura” espacial volvía ponerse en marcha.

Es curioso por que recuerdo que en aquel momento vino a mi cabeza un recuerdo de años atrás, cuando en la Expo de Sevilla’92 presencié la proyección en el cine IMAX del lanzamiento de un Arianne. Y como entonces disfruté con una sensación que nunca he podido tener en vivo. Pero siempre me ha gustado sentirme como un niño que mira cohetes despegando en el horizonte.

Lanzamiento del Apolo XI

La voz de Jimmy Stewart

Aunque con el tiempo he ido apreciando las películas en versión original, como españolito de una cierta edad mi contacto con el cine fue a través de las versiones dobladas.

Afortunadamente he disfrutado de doblajes hechos con cuidado, algo que se ha diluído dentro del enorme volumen de este tipo de trabajos que se realizan en la actualidad.

Uno de los dobladores más conocidos es Constantino Romero, con un voz tan característica que cuando al final de “800 balas” aparece un tipo alto de espaldas y oímos la “voz” de Clint Eastwood sabemos sin duda que “ha llegado” Clint Eastwood.

Si peinas canas como yo las “voces españolas” de Michael Caine, Sean Connery, Alan Alda o Al Pacino te resultarán muy conocidas, aunque desconozcas que sus nombres reales son Rogelio Hernández, Arsenio Corsellas, Javier Dotú o Ricardo Solans.

Uno de mis actores favoritos es James Stewart. En muchas ocasiones fue doblado por Jesús Puente, pero inicialmente tuvo por doblador a Fernando Ulloa, quien tenía una voz tan parecida a la del actor que era como escuchar a un Jimmy Stewart español. Puedes disfrutar de su voz en esta grabación del fondo histórico de Radio Nacional y compararla con la original en “Harvey

James Stewart por James Stewart (Archivo Sonoro)

Addenda: No puedo reprimirme a incluir la penúltima intervención cinematográfica del gran James Stewart.