Mirando el cohete que despega en el horizonte.

La semana pasada el transbordador espacial Discovery aterrizaba por última vez. Se cerraba para esta nave espacial su vida activa tras 27 años en funcionamiento.

Actualmente la carrera espacial… perdón, soy un hijo de mi tiempo y se me escapan las palabras de antaño. Hoy en día ya no hay una “carrera” espacial, de los dos bloques que la protagonizaron la URSS ya desapareció y lo que nos queda es un negocio.

Los viejos transbordadores espaciales son el resto final de aquella época y poco a poco han llegado al momento de su retiro, mal que le pese a la NASA.

Todavía quedamos algunos frikis que seguimos con interés las noticias sobre investigación espacial, a pesar del cambio en su espíritu y su pérdida de ambición aventurera.Gente que nos emocionamos cuando el capitán Kirk les da los buenos días a la tripulación del Discovery.

Vino a mi cabeza el recuerdo de otra misión del Discovery, hace años, el 26 de julio de 2005. Se trataba de la primera misión tras el accidente del Columbia. Este había significado un mazazo para la sociedad estadounidense y su reanudación fue vista por muchos como el modo de recuperar un lugar destacado.

Aquella mañana estaba trabajando en una pequeña empresa como todos los días. Llevaba ya un tiempo disfrutando de mi afición a las bandas sonoras de películas a través de la web Streaming Soundtracks. Era aquel un lugar en el que se podía seleccionar y añadir música de muy diversas películas a una lista de reproducción. Pero lo más importante era su chat, en el que se producían interesantes conversaciones sobre múltiples temas. Yo pertenecía al “night crew”, el grupo de europeos que aparecíamos por allí antes que el grueso de usuarios, mayoritariamente norteamericanos.

Evidentemente el tema del día era el Discovery y cuando el “day crew” se incorporó fue cada vez a más. Alguien compartió el enlace a un streaming de vídeo de la NASA. Cuando llegó el momento del lanzamiento el administrador de la página paró la reproducción de la lista preparada y en su lugar empezó a sonar la banda sonora de Armageddon.

Todavía hoy siento un pequeño escalofrío al recordar aquel momento. Escuchando la música, viendo las imágenes y leyendo el chat, en el que aparecían emocionadas frases de ánimo. Eramos un grupo de frikis, sí, y estábamos disfrutando todo aquello juntos.

Se superó el punto crítico del lanzamiento y las expresiones de júbilo colmaron el chat. La “aventura” espacial volvía ponerse en marcha.

Es curioso por que recuerdo que en aquel momento vino a mi cabeza un recuerdo de años atrás, cuando en la Expo de Sevilla’92 presencié la proyección en el cine IMAX del lanzamiento de un Arianne. Y como entonces disfruté con una sensación que nunca he podido tener en vivo. Pero siempre me ha gustado sentirme como un niño que mira cohetes despegando en el horizonte.

Lanzamiento del Apolo XI

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