El osito de Radar

Como animalillo televisivo que soy mis retinas han recibido abundantes horas de programas. Muchos de ellos han quedado prendidos a mis recuerdos y muchos otros no han conseguido imprimir una huella que el viento del tiempo respetase.

Una de las series que recuerdo con más agrado es M.A.S.H. Para mi sus títulos iniciales marcaban un parón en la rutina de los deberes escolares y a menudo la veía con un bocadillo de tortilla que mi abuela me preparaba para merendar.

Se trata de la narración gamberra de una guerra, la de Corea, que no tenía sentido alguno para los norteamericanos que participaban en ella. M.A.S.H., el acrónimo de Mobile Army Surgical Hospital, era un maremagnum sanitario en el que se encontraban un grupo de personas dispar, marcados en general por el sinsentido que todas las guerras tienen y que siempre están alejadas de la realidad de sus vidas cotidianas.

Basada en una película, tomó de aquella el espíritu de crítica hacia la guerra de Vietnam, pero ocultándolo bajo el nombre de una guerra distinta. Su gamberrismo fue acrecentado con el doblaje español, que exacerbó el nivel de procacidad, pero mejorando su realidad y verosimilitud.

En aquel hospital había muchos personajes relacionados con sus funciones propias: médicos, enfermeras, un sacerdote, conductores de ambulancias… Pero destacaba uno alejado de esas funciones: el cabo Radar.

Radar es el administrativo del centro. Su cometido es lograr que todo funcione, engrasar la maquinaria que es un centro médico para que no deje de girar. El típico personaje pícaro que sabe cómo liar a todos para lograr los fines comunes.

Radar durmiendo con su oso de peluche
Cabo Walter Eugene O’Reilly

Pero Radar no dejaba de ser un niño, reclutado para esa guerra que nadie entiende. Y a esa niñez se aferra con un objeto que, junto a sus gafas, le caracteriza: su oso de peluche.

Para mi el osito de Radar ha sido siempre ese objeto que todos tenemos y con el que recordamos tantos momentos de nuestra infancia. Y como de recuerdos va este blog de aquí en adelante iré recuperando con vosotros algunos de los míos.

Addenda: Hasta la emisión de la SuperBowl de este año, su capítulo final era el programa con mayor audiencia de la televisión de los EEUU.

La voz de Jimmy Stewart

Aunque con el tiempo he ido apreciando las películas en versión original, como españolito de una cierta edad mi contacto con el cine fue a través de las versiones dobladas.

Afortunadamente he disfrutado de doblajes hechos con cuidado, algo que se ha diluído dentro del enorme volumen de este tipo de trabajos que se realizan en la actualidad.

Uno de los dobladores más conocidos es Constantino Romero, con un voz tan característica que cuando al final de “800 balas” aparece un tipo alto de espaldas y oímos la “voz” de Clint Eastwood sabemos sin duda que “ha llegado” Clint Eastwood.

Si peinas canas como yo las “voces españolas” de Michael Caine, Sean Connery, Alan Alda o Al Pacino te resultarán muy conocidas, aunque desconozcas que sus nombres reales son Rogelio Hernández, Arsenio Corsellas, Javier Dotú o Ricardo Solans.

Uno de mis actores favoritos es James Stewart. En muchas ocasiones fue doblado por Jesús Puente, pero inicialmente tuvo por doblador a Fernando Ulloa, quien tenía una voz tan parecida a la del actor que era como escuchar a un Jimmy Stewart español. Puedes disfrutar de su voz en esta grabación del fondo histórico de Radio Nacional y compararla con la original en “Harvey

James Stewart por James Stewart (Archivo Sonoro)

Addenda: No puedo reprimirme a incluir la penúltima intervención cinematográfica del gran James Stewart.

El primer eslogan publicitario en la prensa española

Ordenando papeles ando y me he reencontrado con el facsimil del primer periódico diario editado en España: “Diario noticioso, curioso-erudito y comercial público, y económico

Cabecera del diario

Resulta interesante leer, desde nuestra visión actual, las cuatro páginas de aquella primitiva publicación. No deja de ser una recopilación de anotaciones y breves que hasta ese momento se difundían de boca en boca por los habitantes de la villa y corte.

Inicia su larga andadura el 1 de febrero de 1758 de manos del alcañizano Francisco Mariano Nipho y Cagigal, trasmutando con los años su cabecera hasta la de “Diario Oficial de Avisos de Madrid“, con la que desaparecerá en 1918.

En la última página aparece un anuncio de carácter comercial del que destaca una frase, cercana al concepto publicitario actual de eslogan. Quien anuncia sus mercaderías es un sastre ubicado en el centro de Madrid y lo hace, con un notable sentido del humor, uniendo un refrán popular a su dirección :Imagen detallada del anuncio.

El que no esté acostumbrado a bragas,
y quiera que las costuras no le hagan llagas,
acuda a la calle de la Montera…

¿La publicidad ha cambiado en estos 252 años?

Si no hubiera esclavos no habría tiranos

Portada del Libro
Antología de textos históricos realizada por Juan Francisco Fuentes.

A raíz de los dimes y diretes que pude escuchar la pasada semana a consecuencia de la convocatoria de huelga, me vino a la cabeza una de mis frases históricas favoritas “Si no hubiera esclavos no habría tiranos.” Se trata de una frase que bien puede aplicarse a nuestra actualidad, a pesar de tener casi 200 años a sus espaldas.

Aparece en un artículo escrito en 1814 al calor de la reacción de Fernando VII contra la constitución de Cádiz a su regreso a España. Miguel Cabrera de Nevares, su autor, exhorta a la gente a oponerse a la involución absolutista, ya que si hay sometimiento los logros se perderán.

Actualmente se alzan muchas y variadas voces protestando ante los problemas económicos que nos acucian. Pero, como costumbre inveterada que es, en primer lugar nos enzarzamos en críticas hacia quienes opinan en las formas de manera diferente, aunque su fondo será el mismo con seguridad.

Desde el día en que escuché esta frase me encandiló y con el paso del tiempo he sido consciente de lo acertada que resulta. Somos esclavos de muchas cosas: opiniones, ideologías, necesidades, flaquezas… y con demasiada frecuencia esa esclavitud nos pone en las manos interesadas de quienes quieren manejarnos a su antojo.

¿No habrá llegado el día de romper todas nuestras cadenas y enfrentarnos a nuestros tiranos?