Lope de Aguirre: traidor, asesino, vasco

Años después de haber acabado la carrera de Geografía e Historia, todavía me vuelve a la cabeza una de las asignaturas cursadas. Lo que debía ser Historia de América se convertía en un claro ejemplo de cómo no nos gustaba que se orientase una materia. Aunque éramos estudiantes bisoños y la asignatura no dejaba de ser una “maría” con la que rellenar el currículum, las salpicaduras ideológicas de un pasado no tan lejano nos hacían saltar en nuestras sillas.

Entre los puntos en los que pivotaba la concepción de la asignatura destacaban dos: la falsedad sobre la “conquista” de América, esa eterna “Leyenda Negra Española“, y el valor de los conquistadores españoles que arribaron a aquellas tierras.

Sobre la “Leyenda Negra” la cuestión era clara: los españoles no aniquilaron a los indios por la simple razón de que estos eran muy pocos. América era un inmenso territorio despoblado. Pero esta era una teoría que se deshacía unas lecciones más adelante cuando eran necesarios ingentes ejércitos indígenas que se enfrentaran a los conquistadores y les permitieran dar lugar a su épica tarea.

Los conquistadores, evidentemente, eran la parte fundamental de la historia del continente. Para nada interesaban los hechos y civilizaciones anteriores a su llegada, meras piezas de decorado de la conquista. La verdadera esencia de la historia de América eran unos protagonistas rudos, que durante el día conquistaban tierras y riquezas que perdían durante la noche con los naipes en la mano.

Retrato de Lope de Aguirre
Retrato de Lope de Aguirre

Todos los conquistadores eran de espíritu noble excepto uno. Cuando una de las clases empezó con la frase: “Lope de Aguirre, traidor, asesino, vasco”, nuestra sorpresa fue mayúscula. Aquella lección le presentaba más como un “jarraitxu” que recorrió el Amazonas quemando poblados como si fueran contenedores, que como el curioso personaje que fue. Para nuestro profesor Aguirre era un traidor a España, un traidor a su rey que recibió el justo castigo a su crimen de “lesa majestad“. Para nada se trató en esa hora las ideas planteadas en la Carta de Lope de Aguirre al Rey Felipe II. El rechazo al rey se materializa al dejar de reconocerle como tal. Más adelante se contradice al usar una idea frecuente en las quejas sociales de la Edad Moderna: el buen rey engañado por sus malos consejeros. Tampoco se trató la razón que dio origen a su expedición en busca de El Dorado: expulsar de Perú a todos los indeseables que podían enturbiar la tranquilidad social lograda.

Nada de aquello se trató y si algo me quedó claro ese día es que a menudo el análisis del pasado queda enturbiado por la perspectiva actual del historiador.

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